“La Volturno”: la historia de la cafetera industrial más famosa del mundo que fabrica una familia en Caseros

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El nombre Volturno se lo puso Aníbal Dall’Anese, el napolitano que trajo el dominio para producir la cafetera en Argentina en 1951. Cuando todavía vivía en Italia, lo enlistaron para ir a la Segunda Guerra Mundial e iba a zarpar en un acorazado que se llamaba “Volturno”

La historia cuenta que Aníbal estaba enfermo y no se pudo subir a ese barco que finalmente terminó hundido por los enemigos.

Cuando inmigró a la Argentina, rememorando esa anécdota donde le escapó al destino trágico, bautizó a la marca Volturno. Nombre que también designa a un río del sur de Italia que fue escenario de las batallas para la unificación el país que encabezó Giuseppe Garibaldi en 1860.

Antonio Onoda fue el segundo socio fundador. Es hijo de padre japonés y madre española. “Yo a los 9 años ya vendía flores. Es lo que pasaba en una familia media-pobre que huía de la guerra. Subsistimos a todo”, señala a sus 79 años desde su escritorio en el primer piso de su fábrica Volturno.

Onoda empezó su actividad como industrial hace 65 años. Ya a los 17 años se había podido comprar su primer torno y trabajar en el taller del fondo de su casa. Le pidió entonces trabajo a Dall’Anese y empezó a trabajar las piezas de la cafetera a destajo.

El volumen de trabajo aumentó y Onoda, en 1951, se asoció con Dall’Anese.Juntos fundaron la marca. Con apenas dos empleados, muy rudimentariamente empezaron la historia de esta pyme familiar.

En 1967 la sociedad se amplió: incorporaron al italiano Antonio Varriale, que provenía del rubro textil, y fundaron la “Fábrica Argentina de Cafeteras SRL”. Los tres socios están representados en los tres puntos arriba de la “V” del logo de Volturno.

Ya por 1974 tenían dos locales y 43 empleados. “Y ahí fuimos evolucionando, hemos hecho nuevas incorporaciones de tecnología, pero después nos estancamos porque algunas épocas del país no ayudaron mucho”, señala Antonio.

Más tarde, y por diferentes motivos, él les compra a sus socios las partes de la empresa yla va afirmando como un proyecto familiar junto con su esposa Ana María, responsable de comercialización y redes sociales y su hijo Adrián, también a cargo de tareas administrativas y comerciales.

Antonio es un ejemplo de movilidad social ascendente de la Argentina de las décadas del ’50 y ’60. La sociedad de consumo de esa época, ávida de adquirir los artefactos de la vida moderna, es clave para el éxito de la marca. Gracias a esto, en 1973 Antonio tiene la posibilidad de llevar a su padre, después de 55 años de vida alejado de su tierra natal, a visitar Japón.

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